Acto I — El portal
Cruzas el portal. El espacio se reconfigura. Un salón ahumado, en el pasado. Eres un niño, espectador silencioso. Observas a tu padre jugar al póker con sus amigos — y perder, incansablemente, todo su dinero.
A lo largo de los años, de la infancia a la adolescencia, te quedas a su lado. Lo ves hundirse: pobreza, dificultades, dependencia del juego. Es aquí, en esa observación impotente, donde se ancló la raíz de ese sentimiento de autodestrucción inexplicado que te persigue. Te das cuenta, con espanto, de que sin saberlo tomas el mismo camino. El mismo final trágico.