PRIMER VIAJE
Hay un problema
Algunos rayos han atravesado pruebas. Trozos de alma se han quedado atascados, congelados en traumatismos no resueltos. En esta vida, pesa: un bloqueo, un miedo, un esquema que vuelve sin que puedas nombrarlo.
Una película de ciencia ficción que empieza en la luz —
y que termina en tu vida.
ACTO I
Hay películas que empiezan en una cocina, otras en una guerra. Esta empieza más arriba.
Una fuente. Luz pura, amor, unidad. Todavía no hay Tierra, todavía no hay nombre, todavía no hay cuerpo. Dentro de esa fuente hay un sol inmenso: un ser inmortal
Y entonces la película hace lo que las grandes obras de ciencia ficción saben hacer: plantea una elección. Para saber quién es — sus colores, sus reflejos, la forma en que reacciona a todas las facetas de la existencia — ese sol se aleja hacia un universo holográfico donde el tiempo, el espacio y la materia no existen de verdad. Nada está separado. Nada es «antes» o «después». Todo ocurre al mismo tiempo. Divide su brillo en una infinidad de rayos. Cada rayo parte a vivir su propia aventura, a través de las dimensiones.
AQUÍ ES DONDE ENTRAS TÚ
Uno de esos rayos eres TÚ.
En la sala. Aquí. Ahora.
No es UNA película. Es TU película.
No has abandonado el sol.
Eres un rayo suyo
y el hilo nunca se cortó.
ACTO II
Entre todos esos rayos, no todo es herida. La película lo plantea muy pronto, y hay que sostenerlo: hay dos viajes posibles. No se parecen.
PRIMER VIAJE
Algunos rayos han atravesado pruebas. Trozos de alma se han quedado atascados, congelados en traumatismos no resueltos. En esta vida, pesa: un bloqueo, un miedo, un esquema que vuelve sin que puedas nombrarlo.
SEGUNDO VIAJE
Otros rayos, al contrario, portan capacidades que no tienes en esta vida — un talento, una fuerza, una facilidad que te gustaría recuperar.
Dos motivos. Un mismo hilo. No se mezclan los dos.
Una película realista se detendría ahí: atascado en esta vida, con lo que pesa o lo que falta. Esta, no. Porque el tiempo y el espacio, en ese universo, son ilusiones.
Entonces viajas.
Atraviesas el tiempo, el espacio, las dimensiones.
Te unes a otra de tus vidas — aquella donde está lo que has venido a buscar.
Y entonces llega el momento por el que se va al cine. El lado mágico. Como todo ya está interconectado, lo que se juega allá, en ese otro espacio-tiempo, se repercute aquí. Enseguida.
Si había un problema: lo resuelves en la otra vida, el nudo se disuelve en esta.
Si no lo había: pides la capacidad, la traes de vuelta, está disponible ahora.
Una acción en otra vida. Un efecto inmediato en esta.
ACTO III
El pitch, una vez visto, parece de una simplicidad insolente. En cualquier momento, puedes reconectarte a ese sol interior que lo ha vivido todo y que conoce cada uno de sus rayos.
Es él quien abre la película. Es él quien guía hasta la vida, la dimensión, el espacio-tiempo donde está tu objetivo. Después, te conviertes en actor y entras en tu película. Y el presente bascula.
TU PAPEL
Eres actor de tu vida.
Viajas. Actúas.
Vuelves cambiado/a.
El guion está planteado. Tu alma ya ha hecho el viaje.
Solo queda que te conviertas en actor y entrar en tu película.
¿Te intriga entender por qué la emoción sigue siendo real ?
Una nota discreta aquí.
No estás en el público. Eres el director y el actor.
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